14 de marzo de 2010

EL PRIMER MUNDO

Hoy, he dado en INTERNET con una pps, que circula en la red. Se trata de la entrevista a un tuareg. Un tuareg, que estudia con una beca en Francia y que nos habla del contraste que supone pasar de vivir en el desierto a hacerlo en Montpellier.
Al escribir estas líneas, no he podido evitar tomar entre mis manos una cruz de Agades ,comprada a un viejo tuareg en Tombuctú y que descansa en la estanteria de mi estudio junto a mis libros.
Fue hace un par de años cuando recorrí en 4x4 Mali y Burkina junto a mi amigo Javier y Jean-Bernard, nuestro piloto. Un viaje, preparado al mílimetro, durante un año ,basado en mapas, libros y referencias de otros viajeros, pero, que a pesar de ello, como ocurre en todos los viajes, más de una ocasión,según las circunstancias, la meterologia o el estado de las carreteras, tuvimos que cambiar planes y ruta. Pillabamos campamentos o albergues sobre la marcha y recuerdo que hasta llegamos a dormir en un agujero.
Fue en Hombori, en un campamento, donde coincidimos con unos cooperantes de una pequeña ONG aragonesa, y nos unimos a ellos para visitar durante unos días las aldeas de las montañas y ver su trabajo por poblados donde hasta hacía poco no existía ni luz ni llegaba el agua. Aldeas de cuatro casas, pero inundadas de ríadas de chavales, que correteaban ,alegres, con camisetas de Etó o Raul, y que te hacían pensar en una demografía, que cualquier día va explotar y de que de la globalización por muy lejos que estes no te puedes escapar.
Los días siguientes, proseguimos camino a Douenza, y desde allí ,por la carretera del desierto, a Tombuctú, donde, tras coger un transbordador, entramos al atardecer.
Los tuareg, siempre me han infundido respeto. Se han dicho muchas cosas sobre ellos, pero, siempre me acompañará su azul añil de sus vestimentas y la sensación de pueblo orgulloso amante de su libertad y manera de vivir.
Me hubiera gustado estar en Tombuctú en otra época del año y ver la entrada de las caravanas procedentes de las minas de sal de Taudemi, que debe ser un espectáculo, pero no pudo ser y me conformé con imaginarlo. Nos sugierieron no ir a a Kidal , por razones obvias ,hoy día, tristemente, de actualidad, y nos quedamos con la pena de no llegar a Gao, un lugar donde la soledad toma cuerpo. Los fanatismos , cada día, desgraciadamente, restringen visitar más zonas de este planeta ,pero esto es así de triste.

Remontamos el Niger, a vela, hasta Mopti durante tres días en una pequeña embarcación de carga, cuyo pasaje negociamos sobre la marcha. Mi amigo y yo junto con el patrón de la embarcación y un chiquillo. Comprando el pescado a los pescadores del río para comer. Lo que ví en todos los islotes, la foto fue sacada en uno de ellos, y el tráfico de aquel río , resulta díficil de olvidar.

Qué malo es vivir encerrados en nosotros mismos y pensar que lo nuestro es superior o lo mejor. Hay mucho por aprender en cualquier lugar del mundo , como asimilar, que existen cosas que no valoramos y en otros lugares son de primera necesidad, pero esto no sólo es aplicable al tercer mundo si no que sirve ,incluso, aquí, cuando, a veces, malgastamos, y yo el primero, el dinero en esta sociedad vanal y consumista.

Sí, porque, en este primer mundo, en esta ciudad donde vivo, hay gente anónima, que se cruza conmigo en la calle o que está a mi lado en la cola del bus y las está pasando canutas, aunque no lo digan y no lleven un cartel colgado diciendo estamos jodidos. Las están pasando putas para sobrevivir, aunque esta ciudad y esta provincia, posean los mayores índices de I+D+i del Estado y uno de los mayores de Europa. Y me pregunto ¿Alguien ha reflexionado, seriamente, que, fruto de esta crisis está emergiendo un nuevo pérfil de pobreza y las desigualdades cada día son mayores y caminamos a una sociedad más salvaje y cruel?. Eso sí, en este primer mundo, todo resulta muy civilizado.

HARITZ





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